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El perro negro

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Los perros negros no existían. Había canes blancos, cafés, color miel, grises y algunos con manchas, pero negros no. Eran frágiles porque el hombre les arrancó la ferocidad del lobo para domesticarlos. Y los fuegos artificiales los hacía temblar, bajar la cabeza y el rabo; pálidos se escondían del ruido. Un maltés tan blanco como la luna enfrentó al bombardeo luminoso; tras él se proyectaba una inmensa sombra negra. El pequeño perrito blanco dio un largo y agudo aullido que llegó a las orejas de sus amigos caninos. Uno a uno, los perros comenzaron a levantarse, sus sombras crecían detrás de ellos. Todos los perros de la ciudad, aullaron en unísono, ensordeciendo las explosiones de la pirotecnia. El animal y la sombra se separaron una vez que la luz artificial se extinguió y nunca se volverían a unir. El espíritu del lobo había regresado, fue entonces cuando el perro negro apareció.

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